El fuego fue tres plantas más abajo y tu piso está gris: cómo se perita una vertical

El fuego fue tres plantas más abajo y tu piso está gris: cómo se perita una vertical

En una ciudad como L’Hospitalet, donde casi todo el parque de vivienda es vertical y muchas fincas tienen escalera cerrada y patios de ventilación estrechos, hay un tipo de afectado que el sector atiende mal: el vecino que no ha tenido fuego. Su vivienda no ha ardido, no ha entrado ningún bombero en ella y no hay nada calcinado, pero las paredes están grises, el olor no se va y las cortinas huelen a quemado. Es un daño real, es indemnizable y necesita su propia peritación.

Por qué el humo sube y no se queda abajo

El humo caliente es menos denso que el aire que lo rodea, así que asciende hasta encontrar un techo. En un piso, ese techo lo lleva hacia la puerta, y en cuanto sale al rellano encuentra el mejor conducto posible: la caja de escalera. Una escalera cerrada funciona exactamente como una chimenea. El humo sube por ella y, en cada planta, se cuela por las rendijas de las puertas, por los huecos de los contadores, por los patios de luces y por las rejillas de ventilación.

De ahí que el reparto del daño no sea proporcional a la distancia. Es frecuente que la vivienda contigua al foco esté relativamente limpia y que las plantas altas estén claramente afectadas, sobre todo el último piso, donde el humo se acumula porque ya no tiene por dónde seguir. También es habitual que la afectación sea mayor en las viviendas cuyas puertas dan directamente al rellano frente a las que tienen un pequeño distribuidor previo.

Qué significa peritar una vertical

Significa no dar por buena la suposición de que todas las plantas están igual. Recorremos la finca desde el foco hasta la cubierta, y en cada nivel documentamos tres cosas: el depósito en el rellano y en los elementos comunes, el depósito dentro de cada vivienda que nos autorice a entrar, y el olor en condiciones controladas, con la vivienda cerrada y templada y no recién ventilada.

Con eso levantamos un mapa por plantas. Sirve para dos cosas muy prácticas. La primera, decidir el orden de trabajo: se limpia de arriba hacia abajo, porque cualquier intervención en una planta alta moviliza residuo que acaba cayendo. La segunda, y más importante para los propietarios, generar un informe independiente por vivienda, con su alcance concreto, en lugar de un documento único que después nadie sabe cómo repartir.

Comunidad y propietario: dos expedientes distintos

Este es el punto donde más tiempo se pierde y donde más discusiones se generan. Los elementos comunes —escalera, rellanos, vestíbulo, patios, ascensor, cuartos técnicos— corresponden al seguro de la comunidad. El interior de cada vivienda corresponde al seguro de cada propietario, y si hay inquilino, hay que distinguir además entre continente y contenido. Cuando todo eso va mezclado en un solo informe, el resultado previsible es que cada compañía mire hacia otro lado durante semanas.

Por eso nosotros entregamos la documentación ya separada desde el principio: un informe de zonas comunes para el administrador y un informe por vivienda para cada propietario afectado, cada uno con sus fotografías, su medición y su relación de partidas. No es más trabajo del que parece y evita meses de correos cruzados.

«Pero si a mí no se me ha quemado nada»

Es la frase que más escuchamos en estas verticales, y suele ir acompañada de la duda de si merece la pena dar parte. Merece la pena, por tres motivos. El primero es que el daño por humo está cubierto en la práctica totalidad de las pólizas de hogar, y no depende de que el fuego se haya originado en tu vivienda. El segundo es que el olor impregnado no se resuelve ventilando: si no se trata donde está alojado, vuelve con el primer día de calor. Y el tercero es que si no se documenta ahora, dentro de dos meses será prácticamente imposible demostrar que ese olor viene del incendio de tu vecino.

Añadimos un cuarto motivo que casi nadie contempla: si en el incendio ardieron plásticos o cableado, el residuo ácido también ha subido, y puede estar depositado sobre tus tomas de corriente y sobre la electrónica de tus electrodomésticos. Ese daño no se ve el primer día.

Qué hacer si eres un vecino afectado

Cuatro cosas, en este orden. Comunica el siniestro a tu propia compañía aunque el fuego no haya sido tuyo, y menciona expresamente «daños por humo». Fotografía tu vivienda antes de tocar nada, incluyendo el interior de armarios y las zonas altas. No limpies, por las mismas razones de siempre. Y habla con el administrador para saber si la comunidad ha abierto ya su expediente, porque los dos procesos avanzan mejor coordinados.

Después, pide que alguien perite tu vivienda por separado. No des por válido un informe general de la finca en el que tu piso figure como «afectado leve» sin que nadie haya entrado a medirlo.

Cómo trabajamos estas fincas

Lo primero, contener: sellar y ventilar antes de que el residuo siga repartiéndose cada vez que se abre una puerta. Después, peritar planta por planta y emitir la documentación separada. Luego, limpiar en orden descendente, tratando cada vivienda con el protocolo que pida su residuo, que no tiene por qué ser el mismo en toda la vertical. Y al final, verificar el olor en cada una y cerrar con acta.

Es un trabajo más lento y más coordinado que el de una vivienda aislada, y por eso hay empresas que prefieren limitarse al piso siniestrado. Nosotros creemos que una vertical afectada es un único siniestro con muchos expedientes, y que tratarla así es lo que evita que dentro de seis meses siga habiendo vecinos en L’Hospitalet con el piso oliendo a quemado sin que nadie les haya dado una explicación.

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