Los primeros 60 minutos tras un incendio: cinco errores que multiplican el daño

Los primeros 60 minutos tras un incendio: cinco errores que multiplican el daño

La primera hora después de que se apaga un fuego es rarísima. No hay nada urgente que hacer y sin embargo todo el mundo tiene la sensación de que hay que hacer algo ya. En ese estado, con la adrenalina todavía alta y sin información, se toman decisiones que condicionan el resto del proceso: cuánto se recupera, cuánto paga la compañía y cuántas semanas se tarda en volver a la normalidad. Estos son los cinco errores que vemos una y otra vez, y qué conviene hacer en su lugar.

Error 1: entrar antes de tiempo

Es el más comprensible y el más peligroso. Cuando se apagan las llamas, el inmueble sigue sin ser seguro: puede haber elementos debilitados, instalaciones dañadas, restos de gases de combustión y superficies inestables. La prioridad absoluta es que nadie entre hasta que quien ha intervenido en la extinción lo autorice.

En su lugar: espera fuera, comprueba que están todas las personas y también las mascotas, y si alguien ha respirado humo, aunque se encuentre bien, que lo valore un sanitario. Los efectos de la inhalación no siempre son inmediatos.

Error 2: ponerse a limpiar

Es el error que más caro sale y el que cometemos casi todos por instinto. Una bayeta húmeda sobre residuo seco lo convierte en pasta; sobre residuo graso lo empuja al interior del poro. En ambos casos, un daño superficial y reversible se transforma en uno estructural. Y hay un segundo problema: limpiar antes de documentar borra la prueba del alcance real, lo que perjudica la valoración.

En su lugar: no toques. Si el inmueble ya es accesible y es seguro, ventila abriendo en dos puntos opuestos para crear corriente, y no enciendas la calefacción ni el aire acondicionado, porque el sistema distribuiría el residuo por los conductos a toda la vivienda.

Error 3: tirar cosas

Después de un incendio hay una necesidad casi física de sacar de casa lo que está quemado. Se entiende perfectamente, pero cada bolsa que sale antes de la valoración es una partida que desaparece del expediente. Lo que no consta, no se indemniza. Y además ocurre lo contrario con frecuencia: se tira material que se habría recuperado con el tratamiento adecuado, simplemente porque su aspecto impresiona.

En su lugar: no retires nada todavía. Si algo estorba o supone un riesgo, apártalo dentro del propio inmueble y fotografíalo antes.

Error 4: no documentar mientras aún se puede

La documentación del primer día vale mucho más que la del quinto, porque refleja el estado real antes de que nadie haya movido nada. Es también el único momento en que se puede dejar constancia de cosas que después se vuelven discutibles: hasta dónde llegó el humo, qué estancias estaban cerradas, si entró agua y cuánta.

En su lugar: haz fotos generales de cada estancia y de detalle de lo dañado, con la fecha del archivo intacta. Anota tres datos que luego nadie recuerda con precisión: qué ardió, a qué hora empezó y cuánto tiempo estuvo activo el fuego. Esos tres datos son los que nos permiten anticipar qué tipo de residuo vamos a encontrar.

Error 5: dar por hecho que lo grave es lo que se ve

Un incendio de plásticos, cableado o electrónica puede dejar las paredes casi limpias y ser mucho más caro que otro espectacularmente negro. El residuo de esa combustión es ácido y ataca cobre, contactos y placas durante semanas, con la humedad ambiente como catalizador. Cuando la avería aparece, el parte ya suele estar cerrado y resulta difícil asociarla al siniestro.

En su lugar: no restes importancia a un fuego «pequeño» si ha implicado plásticos o instalación eléctrica, y pide que en el informe inicial conste explícitamente el estado de cuadros, tomas y equipos. Es una línea de texto que puede valer varios miles de euros seis semanas después.

Qué sí conviene hacer en esa primera hora

La lista útil es corta. Asegúrate de que todo el mundo está bien y busca dónde pasar la noche si hace falta. Comprueba que luz, gas y agua han quedado cortados y no los restablezcas hasta que un técnico lo revise. Si hay huecos abiertos a la intemperie por los que puede entrar agua, cúbrelos provisionalmente si es seguro hacerlo. Comunica el siniestro a tu compañía cuanto antes, porque los plazos de aviso cuentan y abrir el expediente pone en marcha todo lo demás. Y llama a una empresa especializada, no para limpiar todavía, sino para que contenga.

Por qué contener no es lo mismo que limpiar

La contención es la parte del trabajo que casi nadie conoce y la que más resultado da en esa primera fase. Consiste en impedir que el residuo siga expandiéndose: sellar las zonas todavía limpias, montar extracción hacia el exterior, proteger accesos y rellano, retirar el agua estancada y controlar la humedad. En una finca de escalera cerrada, como tantas en L’Hospitalet, esto es literalmente la diferencia entre un siniestro de una vivienda y uno de cinco.

Y es, además, compatible con no haber decidido nada todavía. Se puede contener sin que se haya elegido empresa para la limpieza, sin que el perito haya pasado y sin que se sepa aún qué cubre la póliza. Contener no compromete nada; esperar sí, porque el hollín no espera contigo.

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